Un momento reposado para abalanzarse sobre la IMPRO, siempre tan vertiginosa y escurridiza. Reflexión y análisis. Cavilaciones y conjeturas. Chorradas y exabruptos.

IMPROcedencias=6:- Colaboración

He tenido la suerte de participar este año en un proyecto colaborativo. Un amplio y diverso grupo de personas trabajando al servicio de una creación colectiva, un espectáculo teatral.

Cada uno tenía una responsabilidad y función muy concreta. Un complejo mecanismo, que con tiempo y esfuerzo terminó funcionando a las mil maravillas.

Mi experiencia en IMPRO me facilitó el camino y las herramientas para el  trabajo en equipo, para realizar una creación escénica en colaboración con todos los participantes.

Ya que iba a ser una co-creación, me marqué el objetivo de crear una relación no jerárquica, de tal manera que cada participante fuera aportando y ajustando su manera de participar, con el objeto de sentir que el proceso y el resultado nos pertenecían a todos y a cada uno. ¡Y así defenderíamos con fuerza e ilusión nuestra creación!

En la IMPRO ponemos al equipo por encima de la individualidad. Cada uno al servicio de la creación grupal.

La colaboración entre los miembros, el trabajo en grupo es una invitación a la acción, a una práctica que nos libera de la exigencia (muchas veces frustrante) de inventar individualmente.

Tuve que dedicar tiempo a fortalecer la dinámica grupal, generar empatía y confianza, hacer que cada integrante se sienta cómodo y necesario. Tuvimos que trabajar intensamente la aceptación. Estar en disposición de trabajar con el otro. Más aun, aceptar las propuestas del otro. ¡Aceptar, decir sí!

Colaborar es respeto y confianza en el otro. Valorar, apoyar e inspirarse en las propuestas del otro facilita asumir riesgos, crear soluciones innovadoras.

Cada miembro es distinto y tiene sus cualidades únicas. Debemos darle el máximo valor y espacio y tiempo a cada uno. El éxito de mis compañeros es éxito para el equipo. Brillar sin eclipsar, se trata de combinar las energías.

Organización y colaboración. Responsabilidad colectiva. La actividad grupal requiere escucha, confianza, movilidad de liderazgo, pro-actividad y apoyo incondicional. El grupo funciona cuando hay cohesión y lealtad. ¡Estamos en el mismo barco!

Somos únicos y creamos con absoluta singularidad. La posibilidad de juntarse con otros y hacer una creación en común es mágico. La colaboración tiene una fuerza y riqueza prodigiosa.  En una época de tanto individualismo (y soledad) la creación colectiva tiene un valor añadido: el encuentro. Tenemos que cultivarlo y desarrollarlo.

Madrid, Julio 2022

El curso 2021/22 que acaba de terminar tuve la oportunidad de trabajar de profesor de teatro en el colegio “Madrid”. Ensayo y montaje de un espectáculo con alumnos y alumnas de 5º de primaria. Un proyecto de colaboración con el profesor de música: interpretación con instrumentos musicales,  la profe de artes plásticas: creación de unas esplendorosas figuras pintadas que trabajaron. Yo, el profe de teatro, les ayudé en la parte de actuación y a los narradores todo lo concerniente a la verbal y su presencia escénica. ¡Trabajo en equipo! 30 personas interactuando de forma coordinada y cooperativa al servicio de un proceso, para llegar a un resultado, la creación y puesta en escena de un espectáculo teatral, a partir de cuento ilustrado “Los 3 bandidos” de Tomy Ungerer.

 

IMPROcedencias 5-Espontaneidad
Desde hace unos días nos podemos ver las caras en clase de teatro … y en los teatros y en casi en cualquier sitio.
¡Fuera mascarillas! Recuperamos nuestra expresividad, nuestra espontaneidad.
Ha sido tan grande la alegría que nos hemos abrazado y hasta besado. ¡Explosión de espontaneidad! ¿Se puede? ¿Besar? ¿Tocar? No lo sé, pero… ¡Que gusto! Acariciar, rozar,…
Estos días volvemos a ver imprudentes y maravillosas expresiones mucho tiempo escondidas: bostezar, sonreír, suspirar, refunfuñar, rabiar, gemir, jadear, quedarse con la boca abierta, hipar, sollozar, poner morros, sorprenderse…
¡Qué rostro! ¡Recuperamos las expresiones espontáneas!
Que contrariedad para todos y cada uno tener que taparse la cara durante tanto tiempo. Muchísimo para los improvisadores. Aprovecho este dichosos momento para plantear algunas cuestiones sobre la espontaneidad.
Desde que nacemos socializar es controlar. ¡Ser menos espontáneo! Controlar las ganas de llorar, de comer, de estar con quién me da cariño y amor, de estar lejos de quién me da miedo o provoca dolor, de hacer caca… Seguramente, justo y necesario. Pero tiene contrapartida, nuestra espontaneidad, nuestra natural expresión se va al carajo. Convivir es refrenar impulsos. Cuando empezamos a ir al cole la regla principal de la convivencia, el respeto a las normas y el aprendizaje es pensar antes de hacer.
Fingir, aparentar, morderse la lengua para no meterse en problemas con los adultos. Y así, poco a poco vamos siendo menos espontáneos. Menos naturales, más rígidos.
Hace unos días un alumnito ( 8 años) frente a mi llamada de atención porque no hacía lo correcto en clase de teatro me recriminó: “los adultos no entendéis a los niños”. ¡Que gran estafa crecer y educarse!, los adultos nos roba parte de nuestra esencia, la espontaneidad, a costa de su tranquilidad y confort.
Rígidos, repetitivos, previsibles aburridos, poco afectivo, sin sangre en las venas, encerrados en la zona de confort, temerosos de lo nuevo, de lo desconocido, llámelo cómo quiera, lo cierto es que de adultos nos convertidos en seres poco naturales y libres, acartonados; le damos la espalda a la espontaneidad.
Por supuesto la espontaneidad está en nuestra naturaleza, aparece, algunas veces, por sorpresa, sin cita previa. Pero muchas otras está tan escondida, tan oculta que no aparece ni llamándola a gritos. Silenciada, enterrada, enclaustrada, arrinconada, negada, vigilada.
Y claro, cuando en alguna actividad toca ser espontáneo me cago en todo lo que se menea el horizonte es desalentador. Tenemos que hacer un esfuerzo monumental para recuperar algo de ella.
La creatividad, la invención, la IMPRO exige ser espontáneos. Accionar, sin excesiva racionalización. Dejarse llevar, que la acción sea un impulso, efervecencia.
En la IMPRO no hay tiempo para organizar, preparar. Mientras se organiza, lo expongo, mientras lo expongo, se organiza.
¿Cómo recuperar la espontaneidad perdida?
El juego es una de las actividades que permite recuperar y refrescar la espontaneidad. Sin tiempo para pensar, reacciono. Y hago cada cosa en el momento justo…o pierdo.
Entrenar IMPRO es ponerse en situación donde no podamos controlar racionalmente la respuesta. Confiar en la respuesta natural y espontánea de uno mismo y del otro. Improvisando desconectamos los filtros que muchas veces se cuelan entre lo que sentimos, lo que imaginamos y lo que expresamos. ¡Conseguimos ser espontáneos!
Al principio se trata de rescatarla, sacarla de su escondrijo. Poco a poco transformarla en herramienta principal de la creación escénica.
. Decir IMPRO es decir teatro espontáneo.
¡Fuera máscaras y mascarillas! ¡Libérate! ¡Suelta amarras! ¡Sé natural y espontánea! ¡Pasional, impúdica, desmesurada, irrespetuosa, sincera, súbita, enérgica, auténtica, vital!
Madrid, Mayo 2022

efectos colaterales de la impro
La escucha en la Impro