1: La escucha

La escucha en la Impro

Tenemos dos orejas y una sola lengua para escuchar más y hablar menos.

Diógenes El Cínico (Atenas,  412.- 323 a. C)

Primer día de clase del curso 2021/22 en el Taller de Teatro Asura, IMPRO nivel intermedio.

Fresco todavía el Torneo IMPRO Mentidero (Septiembre 2021), partidos de IMPRO en los que participamos 4 escuelas de Madrid. En shock por lo hecho y lo compartido.

Abundantes comentarios, reflexiones, observaciones, alabanzas, murmuraciones… Lo fluidas que eran muchas escenas. Lo claras que eran las propuestas. La presencia y fisicalidad de muchos improvisadores. La astucia, el ingenio, la sutileza de algunas intervenciones. Y una idea por encima de todo, la importancia de la escucha.

“¿Has oído lo que ha dicho la cerda esa? “
“Me he enterado de lo que dicen de ti”
“¡Si es que no me escuchas, tío!”
“¿Hace falta hacer todos esos ruidos? ¡No quiero escucharlos!”
“No he podido evitar oírlo todo. Tenía la oreja pegada a la puerta.”
“Escucha, escucha, si es que no para, el muy…”

¿Cotilleos, chismes, habladurías? Mmm…también los hubo. Pero eso quedará para otra ocasión…este panfleto, que comienza con el tema de la escucha, tendrá ciertas pretensiones estiradas, impávidas, retóricas.

El asunto de la escucha en la IMPRO. No es una sorpresa si te cuento que escuchar no es algo exclusivo de la IMPRO… lo hacemos en todo momento en nuestras vidas, es un proceso vital. Es como soñar o respirar: incluso dormidos, nuestra percepción, nuestra escucha, está activa, a cierto nivel.

Escuchar tiene que ver con captar, registrar información. Tiene una parte sensorial, los sentidos de nuestro organismo en acción. Lo que te rodea, el otro y tú mismo. También tiene una parte intelectual o racional. Lo evidente y lo sutil. Lo profundo y lo superficial.

En nuestro día a día es suficiente con dejarse llevar, sin preocuparse por los mecanismos y avatares de la escucha.
El lío es cuando, por “h” o por “b”, la vida cobra otra dimensión. Esos momentos especiales, volcánicos, que requieren máxima energía, que parece que entras en erupción.

Por ejemplo, participar en un ejercicio en clase de IMPRO, salir a escena a improvisar. La adrenalina, o lo que sea, se pone a tope, los nervios te atacan y lo más difícil es escuchar. Sueltas tu rollo y ni te enteras de lo que ha pasado a tu alrededor. Bastante tienes con tus movidas y, claro, no atiendes ni por asomo a lo que el otro dice, hace, siente, cavila…

Salir a escena a improvisar te exige muchas cosas. Escuchar es esencial. En todas las direcciones y a todos los niveles.
Escuchar al compañero con el que tendrás que crear la historia al calor de la acción. Tus propias imágenes e impulsos. El desarrollo de la escena. Y Escuchar para proponer un final.

Para tener una buena escucha debo estar relajada, alerta, abierta, sensible. Tensión y ansiedad ¡fuera!

Escuchar es interacción. Y para que sea fructífera la interacción debe ser en todas las direcciones. Para poder dar, hay que recibir. Escucharte a ti mismo, tus ideas, tu imaginario, tus impulsos, tu cuerpo en el espacio, tus sensaciones y emociones. Escuchar lo que te rodea, tus compañeros, el espacio escénico.

Escuchando, utilizo mis sentidos y me relaciono con el exterior, y con el venturoso mundo interior. ¡Y escuchar al público!

En la IMPRO buscamos una escucha siempre personal y sensible, potente y extracotidiana. En escena estás alerta y disponible.
Mirar y ver, tocar y sentir, oír y escuchar, hablar e imaginar…

En la vida cotidiana vamos muy rápido y somos malos “escuchadores”. Quizás lo suficiente para no quemarnos si el aceite humea o avistar una mesa libre a la hora del vermú.

Las situaciones escénicas exigen mucho más: a veces nos desbordan y perdemos la capacidad de escuchar.

Los turbios hábitos (la falta de escucha uno de ellos) se pueden modificar trabajando sobre ellos.

Para improvisar tendré que reaprender a escuchar, a sentir, a reaccionar. Y tantas otras cosas…
Improvisando viene bien una escucha atenta y abierta. Activa y muy fina. Escuchar las palabras, los gestos, la mirada. Escucho no solo lo que se dice, sino cómo se dice. El sentido y la sonoridad de las palabras. Lo elocuente y lo oculto. El lenguaje no verbal: cuerpo, espacio, energía.

Escuchar tiene muchos efectos. En escena escuchar me transforma, me modifica.
Reconocemos inmediatamente a alguien que sabe escuchar. Tiene otra presencia, calidez y pelaje.

Y llegados a este punto vamos a nombrar un elemento vital de la escucha en IMPRO. Decodificar información, escuchar, implica la creación de significado. Quien improvisa, como hemos repetido, al escuchar no solo percibe: imagina, crea forma, sentido, significado…

Al escuchar entramos en otra dimensión…En IMPRO escuchar es crear.