IMPROcedencias 15= Aprender, enseñar / Los monólogos improvisados
IMPROcedencias 15
Aprender, enseñar / Los monólogos improvisados
Estas semanas en el curso regular de IMPRO que doy en el Taller de Teatro Asura lo estamos dedicando a los monólogos improvisados.
En las clases propongo distintos ejercicios que llevan a los alumnos hacia la creación de escenas donde en una situación concreta, se desarrolla un monólogo improvisado, una pieza de teatro en la que un personaje construye su discurso, desarrollando ideas, emociones, acciones, sentimientos o una historia, al calor de la acción, sin preparación previa. Técnicamente, también se llama soliloquio, una “conversación” donde el interlocutor es uno mismo.
Trabajar monólogos es parte de la formación en IMPRO. Normalmente para trabajar las herramientas de la improvisación teatral practicamos con escenas en parejas, trío o grupos más numerosos, lo que llamamos una IMPRO. Pero también hay escenas de un solo personaje. O momentos en los que el personaje se encuentra repentinamente solo. Es un gran desafío, ya que una singularidad de la IMPRO es que es colaborativa, como improvisador me alimento de la interacción con el otro. Pero en los monólogos estoy solo… ¡Recórcholis!
Cuando toca trabajar monólogos en clase echo mano de unos apuntes fantásticos, de mis inicios en la IMPRO. Un curso en Valencia, enero de 1994, impartido por Michel López, titulado justamente “Monólogos improvisados”. (Michel López, maestro francés pionero de la IMPRO en Francia y que hace más de 30 años dejó bastante poso en su paso por Valencia)
En las clases de estos días he recuperado varios ejercicios y releído los comentarios de Michel que yo trascribí a un cuaderno durante el curso. Cabezonamente, en las primeras clases quería seguir a rajatabla aquellas pautas. El resultado: estaba siendo un poco trabado; cortaba a los alumnos cuando se desviaban de la línea marcada por mí (¿Por Michel?). Yo quería un resultado que se ajustara a las enseñanzas de Michel, y no me interesaba mucho lo que los alumnos producían en el desarrollo de la clase, si se desviaban por las líneas marcadas por los ejercicios. Seguramente no es lo que le conviene a una clase de IMPRO. Desde luego no es mi estilo. No estaba cómodo. Tampoco los alumnos. Esta semana me he relajado y he podido ver el trabajo de los alumnos (a partir de las pautas y ejercicios planteados en clase). Mucho mejor. Cada alumno tomaba una dirección particular con el asunto de los monólogos. Algunas muy narrativas, otras muy locas y oníricas, personales e íntimas o muy alejadas de ellos. Momentos gloriosos, idas de olla y por supuesto, truños. Así es una clase de IMPRO, nos permitimos todo tipo de cosa. Liberados de ataduras y prejuicios, sin buscar un resultado determinado…excepto que el profe esté muy apegado, obcecado a una forma o idea o resultado. Así estuve yo un par de clases… hasta que pude valorar y sorprenderme con las propuestas de los alumnos. Ir más allá de que a uno le gusta y le parece correcto. Proponer…y ver lo que pasa.
En las clases de IMPRO hay unos cuantos elementos que son claves:
-Trabajar la confianza: en el otro, en uno mismo, en el entrenador, en el material…
-La regla del “Si, y además…” Aceptar las propuestas que me vengan y construir sobre ellas. Esto me hace abierto, colaborativo, flexible…
-Existen diversidad de estilos y modos de actuar, cada improvisador tiene su propio registro, ritmo, tono, forma,…
-Equilibrio entre técnica y juego, herramientas y libertad para jugar.
Y estas cuestiones son para los alumnos en clases, los improvisadores en escena…y para el profe impartiendo clases.
Cerrado el asunto de enseñar IMPRO me meto un poco con el tema de los monólogos.
Los monólogos pueden darle mucha vida a las escenas improvisadas. Ampliar la perspectiva, darle profundidad o intensidad. También gravedad, comicidad, variedad, trascendencia…
Está la opción de que un actor, solo, en el escenario, improvisa la historia. Valiente y atrevido el improvisador crea y desarrolla la escena él solito. Cómo no tiene con quién hablar, habla consigo mismo. También podría darse el caso de que, aunque está solo en escena, se dirija a un personaje no visible para el público, pero sí para él (fuera de escena, invisible, ¿Un espíritu?…). También de mis principios en la IMPRO, un recuerdo, jugando Match de Improvisación, el momento en que el árbitro leía la tarjeta y decía número de jugadores: ¡UNO! Llegaba el momento del monólogo, desafío que solo los valientes se ofrecían a salir voluntariamente a escena en el momento del coucheo.
Pero también puede ser que el monólogo sea parte de una escena improvisada entre varios improvisadores con varios personajes. En cierto momento, alguno de los personajes tiene un soliloquio. También se dice un aparte. Es un poco raro, pero en teatro, tradicionalmente, se ha utilizado y a la IMPRO le va muy bien. En cualquier momento un personaje se aparta de la acción y suelta su movida. Es un pequeño paréntesis. Es como si pensara en voz alta, los otros personajes no lo oyen, pero el público sí. Incluso podría ser que este discurso se dirigiera descaradamente al público, cual secreto o confesión. El personaje interpela directamente al público, rompiendo la cuarta pared, buscando la complicidad del público, y luego vuelve, como si nada, a la ficción de la escena.
El monólogo le da otra capa a la historia improvisada. Información que sería muy difícil de aportar a la escena, la suministra de forma sencilla. Puntos de vista personales, pensamientos, opiniones, secretos, sentimientos, fantasías, deseos ocultos, conflictos, contradicciones, etc. Con los soliloquios aportamos una veta sorprendente y singulares, detalles peculiares del personaje. ¡Muchas veces demoledor!
¡Muy jugosos para el desarrollo de la historia improvisada!
Un monólogo es una escena donde el actor se analiza y pone en cuestión su universo. Un trampolín desencadenante para la reflexionar, fantasear, alucinación… Te lanza abrir nuevas e insospechadas puertas.
Trabajar monólogos en clase de IMRO ayuda muchas veces a desbloquear la creatividad, aumenta el grado de espontaneidad y fortalece la confianza. Fomenta la auto escucha, escuchar la propia voz creativa. La escucha interna y la conexión con el personaje. La fluidez verbal y la asociación libre de conceptos. La expresión emocional y corporal. La relación con el espacio, la fisicalidad. La narración y la construcción de historias. Experimentar con distintos tonos, estilos y ritmos narrativos. A través de los ejercicios de monólogos un improvisador puede expandir sus recursos y mejorar su desempeño en la escena. Fortalecer la seguridad y expresividad. ¡Casi ná! Una herramienta poderosa para desarrollar habilidades creativas y escénicas.
Un monólogo improvisado es un gran reto, una prueba de confianza y ingenio, dónde el improvisador se enfrenta a la situación de crear, desarrollar y sostener una pieza teatral, una historia, sin preparación previa, explorando lenguajes, la emoción y la expresión en su máxima libertad.
Madrid, Abril 2025
